Wearables y salud digital conectada a la nube

Disponer de acceso a la información y a los contenidos de forma instantánea y deslocalizada en cualquier momento nos encontremos donde nos encontremos, es una realidad plausible desde hace ya varios años. Contamos con las herramientas y la tecnología necesaria para poder desempeñar casi cualquier trabajo a distancia, podemos organizar videoconferencias entre Sidney-Madrid-Nueva York sin sacarnos las zapatillas de andar por casa, ver contenido multimedia en nuestro teléfono mientras vamos en el autobús o en el metro y continuarlo en la televisión al llegar a casa.

En un mundo tan interconectado como en el que ahora nos toca vivir, el acceso a la información se vuelve cada vez más importante y en el sector de la salud digital cobra cada vez más importancia poder monitorizar en tiempo real la actividad diaria del portador de una pulsera o reloj inteligente.

Imaginemos por un momento que contamos con un dispositivo electrónico, un smartwatch por ejemplo, capaz de medir el ritmo cardíaco de nuestro corazón las 24 horas del día, de realizar mediciones de saturación de oxígeno, realizar un ECG, monitorizar el sueño para ver las horas de sueño más profundo y controlar la apnea del sueño, imaginemos que contamos con un dispositivo que envía esa información a una aplicación al teléfono, la registra y a posteriori la envía a un centro de datos en la nube donde un profesional, situado al otro lado del backend, puede consultar los valores recibidos y establecer alertas, controlar dietas y ejercicios prescritos con anterioridad e incluso interactuar con el paciente enviándole notifiaciones a su teléfono móvil de forma instantánea con recomendaciones en función de lo que haya realizado cada día.

Todo lo anterior es posible en la práctica y conlleva un cambio de mentalidad tanto en los profesionales como en los pacientes. Se busca incidir en la prevención para evitar tener que curar algo que se podía haber evitado. Imaginemos un paciente que acude a una cita con su especialista en nutrición y éste le indica que tiene que bajar de peso y nada mejor que caminar cada día una distancia mínima a un rítmo determinado, poco a poco, sin forzar durante las primeras semanas, … si el paciente cuenta con una pulsera capaz de enviar la información al profesional, éste podrá monitorizarlo a distancia y ver si cumple con lo pactado.

El esquema básico de un sistema en la nube es sencillo de dibujar:

  • Hardware: Necesitamos de un dispositivo inteligente capaz de realizar las mediciones que necesitamos con la mayor fiabilidad posible atendiendo al tipo de sensor que incorpore.
  • Software: El dispositivo inteligente tiene que poder conectarse con una app basada en android o iOS mediante tecnología bluetooth o bien con una red bluetooth para la descarga de la información de forma automática.
  • Nube: La información recogida por la aplicación es enviada mediante WiFi o 4G directamente a la cuenta registrada del paciente en la nube.
  • Dashboard remoto: el profesional puede visualizar los datos de forma remota aportados por el dispositivo, enviar alertas o notificaciones al dispositivo del paciente con recomendaciones en función del cumplimiento de la actividad prescrita, puede visualizar y cotejar la información relevante como la tensión arterial, nivel de esfuerzo o ECG comparándola con aquella pre-configurada y obtenida mediante dispositivos propios.

Los beneficios son innumerables:

  • El paciente se siente empoderado puesto que se deja en sus manos el control de la actividad prescrita
  • El profesional médico cuenta con una información relevante la cual hasta ahora no ha tenido acceso
  • El sistema sanitario público y privado ahorran en costes derivados de consultas presenciales y otros

¿El futuro pasa por el empoderamiento del paciente? Quizás si, quizás no. Lo único que sabemos es que todo lo anterior a día de hoy es factible técnicamente y cada vez son más los sensores que encontramos en los dispositivos electrónicos wearables y más fiables.

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